¿ Cómo será la nueva selectividad ?

Examenes Selectividad

 ¿ Cómo será la nueva selectividad ?

 

El próximo mes de junio se celebra la última Prueba de Acceso a la Universidad (PAU).  La Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) ha suprimido este examen, poniendo, en su lugar, que cada campus pueda establecer sus propios mecanismos de selección de alumnos. De forma paralela, la Ley Wert introduce una reválida al final de Bachillerato que cerca de 400.000 alumnos tendrán que realizar si quieren obtener el título y seguir estudiando, a diferencia de lo que ocurre ahora. Pero el nuevo sistema presentaba problemas a la hora de ser puesto en marcha y el Gobierno en funciones ha introducido importantes matices después de dos años y medio de negociación con los rectores.

 

Examen Selectividad

¿ Cómo será la nueva selectividad ?

 

 

Los cambios se conocerán oficialmente en mayo, cuando el ministro en funciones, Íñigo Méndez de Vigo, presente a las comunidades autónomas, en el marco de la Conferencia Sectorial de Educación, el borrador del proyecto de real decreto en el que se recogen las características de esta prueba. Sin embargo, el ministro y el presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue), Segundo Píriz, avanzaron ayer en rueda de prensa que la reválida de Bachillerato se va a convertir, en la práctica, en la sustituta de la actual PAU, que antes se llamaba Selectividad.

La reválida va a ser la heredera de la Selectividad por tres razones.                                          En primer lugar, porque el formato será «muy parecido». El Gobierno ha descartado la idea inicial que tenía de que hubiera preguntas tipo test, un planteamiento muy criticado por toda la comunidad educativa. «El tipo test ha sido abandonado por el Ministerio», explican fuentes de este departamento. «Son pruebas competenciales que exigen un tipo de preguntas que no se pueden conseguir con el tipo test. Habrá problemas, que no ejercicios, y comentarios de texto».

En segundo lugar, porque los rectores tienen la intención de no poner exámenes de acceso adicionales que obliguen a los alumnos a ir recorriéndose España, universidad por universidad, pasando por distintos procesos de selección. «Probablemente las universidades no tengan que hacer otras pruebas para acceder a la universidad», afirmó ayer el ministro en funciones.

La Lomce, sin embargo, contempla esta posibilidad y eso no se puede tocar. «Con la ley en la mano, cada universidad tiene potestad de hacer la prueba que considere oportuno», indicó Segundo Píriz, que añadió, no obstante, que el próximo 19 de mayo intentarán llegar a un acuerdo entre todas las universidades para que nadie establezca sus propios mecanismos de selección y se mantenga el «distrito único», que significa que la nota que obtiene el alumno en Zaragoza le sirve para estudiar en una universidad de Sevilla.

El distrito único, como indica Méndez de Vigo en su cuenta de Twitter, garantiza «la igualdad de oportunidades» y la «seguridad jurídica» en todo el territorio nacional de los estudiantes que a partir del año que viene se examinen de los nuevos currículos establecidos en la Lomce.

En tercer lugar, la reválida se va a convertir en la sustituta de la PAU porque el Gobierno va a dejar bastante margen de actuación a las comunidades autónomas, tal y como ocurre ahora. El sistema actual permite que cada gobierno regional, en colaboración con las universidades, fije su propia prueba. Hay, pues, 17 modelos de Selectividad distintos, tantos como autonomías hay.

A partir de junio de 2017, cuando se celebre la primera reválida de Bachillerato, habrá algo más de «homogeneidad», pero no tanta como planearon los populares durante su época de mayoría absoluta en el Gobierno, con José Ignacio Wert prometiendo «españolizar a los niños catalanes» y asegurando que todos los alumnos iban a estudiar la misma Historia en toda España.

Inicialmente, el Gobierno quería que la reválida de Bachillerato se hiciera de la misma forma en todo el país. Los alumnos de en torno a 18 años iban a estudiar los mismos contenidos en todas las comunidades autónomas y se les iban a formular unas preguntas exactamente iguales el mismo día. Después, serían corregidas por evaluadores externos a los centros. Y, como todos los estudiantes iban a ser examinados de lo mismo, esto implicaba que todos iban a tener que estudiar lo mismo. Los resultados, homogéneos, podrían compararse y se establecerían ránkings.

Ya no será así. Méndez de Vigo dijo ayer que el Gobierno «determinará las características, el diseño y los contenidos de las pruebas»; es decir, «el marco común». Y las comunidades serán las responsables de la «elaboración de las preguntas», de la «aplicación material de las pruebas, incluyendo su elaboración, la fijación de los tribunales, las fechas y lugares para su realización y reclamaciones».

Es decir, habrá unas «características iguales para todas» fijadas desde el Gobierno central. Son, por ejemplo, unos contenidos comunes y el hecho de que los alumnos deban examinarse de las materias troncales, de dos opcionales y de una asignatura de las específicas, a elección, en estos últimos casos, de los estudiantes.

Pero «cada comunidad va a poder fijar el día de la celebración del examen y la elaboración de las preguntas», tal y como confirman en el Ministerio. En otras palabras: cada gobierno regional redactará su propio modelo de examen con las cuestiones que crea convenientes, como ocurre ahora. Y lo pondrá el día que quiera.

Finalmente se ha hecho una «interpretación flexible», en palabras de Segundo Píriz, para que el formato sea lo más parecido posible al actual.

«Hasta hace poco, no se admitía [por parte del Ministerio] que podía haber distintos tipos de preguntas», explica Ángela Barrios, secretaria ejecutiva de los Asuntos Estudiantiles de la CRUE y vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid, que ha formado parte de la comisión negociadora entre el Ministerio y los rectores.

Barrios indica que «se ha intentado encajar la PAU dentro de la legalidad» porque «el Ministerio se ha dado cuenta» de que el planteamiento inicial, con «una fecha única y un mismo examen», era «enormemente difícil» de poner en práctica desde un punto de vista técnico y, además, «se inmiscuía en las competencias de las comunidades autónomas».

Los rectores comenzaron a notar más receptividad en el Ministerio desde que pidieron formalmente una moratoria en la PAU, hace un mes, porque, argumentaban, no les daba tiempo a hacer todos los cambios. A partir de entonces comenzaron a trabajar mano a mano con el Gobierno para introducir «matices» en los términos y no hablar tanto de una prueba «idéntica» y «simultánea» en toda España.

El resto de las cosas se mantiene prácticamente igual. Los exámenes los continuarán corrigiendo profesores del sistema público. Se puntuará igual: la nota máxima, que ahora es un 10 pero puede subir hasta 14 con el examen de dos específicas, seguirá ponderándose de la misma forma. Y, para la nota final, contará un 60% la media de los dos cursos de Bachillerato y un 40% la calificación del examen. Eso sí, si no aprueba la reválida, el estudiante no podrá seguir estudiando ni obtendrá el título, algo que ahora no ocurre.

En junio de 2017 se celebrará la primera reválida. No tendrá efectos académicos (es decir, si el alumno la suspende, podrá titular), pero sí contará la nota para acceder a la universidad.

Esperamos que este articulo de ¿ Cómo será la nueva selectividad ? os resulte útil.

 

Fuente: www.elmundo.es